Dra. Mila Cahue

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¿Qué es el amor? A amar (y a odiar) se aprende


Definir y explicar en qué consiste el amor puede ser un tema delicado, subjetivo, complejo y de difícil consenso. El amor se ha intentado explicar desde la psicología, la sociología, la antropología, la religión, la filosofía, la literatura, la química, la física, y hasta la política, que incluso intenta regularlo.

Dado que no vamos a cuestionar las distintas posturas respecto al amor, lo que sí podemos hacer es:

– analizar qué hace la gente que ama (bien)

– observar los efectos que produce el amor en las personas (bien) amadas

– distinguir entre los distintos niveles de amor

Un pequeño apunte previo sería aclarar que amar (y odiar) lleva asociadas una serie de conductas que nos permiten distinguir que está ocurriendo eso, y no otra cosa. Algunos ya se estarán preguntando: pero ¿qué fue primero? Ciertamente, a nosotros también nos asalta la duda de si el amor es el resultado de una serie de conductas o si, por el contrario, las conductas son consecuencia del sentimiento del amor.

Como en la naturaleza raramente se dan los absolutos, nos quedaremos con que ambas son correctas, y lo que nos importa es que existen implicadas conductas, y que éstas se enseñan y se aprenden. Por poner un ejemplo, hay personas que pueden estar teniendo un deseo profundo de amar, pero cuando tienen que demostrarlo, hacer algo, no saben cómo, no han tenido  modelos, nadie que les haya enseñado, y tienen que ir un poco dando palos de ciego, improvisando, tirando de sus propias experiencias y de su sentido común. Hay otras personas que, desde pequeños, se les ha enseñado conductas amables, generosas, que tienen como consecuencia que les resulte fácil amar (bien) y sentirse (bien) amados, y además pueden distinguir qué es y qué no es amor (del bueno).

Por lo tanto, ¿qué hace la gente que ama (bien)?

– recuerda y desea demostrar, de manera explícita, cada día a su pareja que es su apuesta como compañero/a;

– en los momentos difíciles, tiene el autocontrol suficiente como para no hacer o decir nada que pueda herir a la otra persona. Amor y dolor son incompatibles. El daño lo producen las expectativas equivocadas, pero no el amor. En el momento de conflictos, se comunican y se centran en las soluciones, no en intentar dejar K.O. al otro;

– procura, con frecuencia, dar un momento de alegría, diversión o paz a su pareja;

– demuestra su amor en público y en privado;

– escucha y sabe comprender a su pareja, aunque no tenga que estar necesariamente de acuerdo con ella, pero respeta sus sentimientos y puntos de vista;

– se encarga de su propia felicidad, y apoya a su pareja a que haga lo mismo. Así se tendrá sensación de equipo, y cuando uno tenga momentos bajos, el otro estará ahí para tirar de los dos. Esto ha de ocurrir alternativamente. (Nota: es importante dejar de lado la idea de no permitir a la pareja que esté triste “porque a mi eso me pone también muy triste y lo paso fatal”. Dejar espacio emocional a la pareja consiste en permitir que uno pueda pasar por un bajón, sin que se le atosigue, sin que se le acribille a preguntas, y sin exigirle que se ponga bien, para dejar de estar uno mal. Esto es tremendamente egoísta)

– sabe expresar y pedir lo que necesita, y puede decir que no con cariño y respeto;

– Quiere querer y sabe querer: sabe lo que necesita su pareja y qué pueden darle
y, a su vez, sabe lo que necesita y lo qué quiere recibir;

– no obliga al otro a amarle. Entiende que los sentimientos no pueden imponerse y sabe respetar los sentimientos de su pareja, asumiendo que a veces se gana y a veces se pierde.

Y ¿cuáles son los efectos que produce el amor en las personas (bien) amadas?:

– no es ningún secreto que las encontramos más guapas (aquello de les brillan los ojos), más sonrientes, más ilusionadas y  más activas;

– se involucran en proyectos, en actividades, están más abiertas y se sienten más generosas;

– los resultados de las analíticas médicas mejoran significativamente (sí, sí, no es broma);

– sus vidas progresan y se proyectan hacia un futuro prometedor.

Por eso, cuando en ocasiones tenemos ante nosotros personas que están destrozadas por el dolor, envejecidas, sin ilusión, bordeando o sumidas en una depresión, e insisten en que eso es debido a que la otra persona les ama, o porque ellos aman a la otra persona, no nos queda más remedio que pedirles que pongan nombre y apellidos a lo que está provocando tanto sufrimiento, pero que podemos asegurar que  nada tiene que ver con el amor. Si esa persona nos estuviese hablando en un idioma ininteligible para nosotros, con tan sólo observar su estado deduciríamos que es producto de cualquier cosa excepto del amor. Lo que nos lleva directamente a nuestro último nivel de análisis:

¿Se pueden dar distintos niveles de amor? Indudablemente, sí. El amor es un sentimiento, y eso puede darse en cualquier persona en cualquier momento. La intensidad y la calidad de ese amor dependerán de las conductas que vayamos asociando al sentimiento. Por eso es importante no tener miedo a cambiar lo que haga falta en nosotros para ir consiguiendo experiencias de mayor calidad en nuestras vidas. Uno no nace sabiendo,  y se está aprendiendo hasta el último día. Uno no es como es y ya está, y que se aguanten los demás; uno también puede ser como quiera ser, pero cada uno ha de ponerse el listón en el nivel al que quiera llegar, sin exigir más por menos. Tampoco hay que sentirse culpable por pedir que nos amen bien.

Cuando se desea que la calidad del amor que estamos viviendo mejore, nuestro consejo es que se analice qué se está haciendo y qué se está recibiendo.

Colaboración de Mila Cahue para MeeticAffinity

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