Dra. Mila Cahue

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Cupido y su sentido del… amor


¿Cuántas veces nos ha ocurrido que, al conocer a alguien y sentir mariposillas revoloteando en el estomago, nos ha parecido que nos encontrábamos, quizás !por fin!, ante esa persona que tanto estábamos buscando?¿Y cuantas veces nos hemos reprochado a toro pasado, en que estaríamos pensando cuando nos lanzamos de cabeza a enamorarnos hasta las trancas de esa persona? Sin liarnos con neurotransmisores, reacciones químicas y hormonas enloquecidas, la tradición nos ha proporcionado un gracioso personaje llamado Cupido, con alitas que le permiten pasar inadvertido por donde anda, y que se dedica a lanzar flechas con los ojos vendados, eligiendo destinatarios al azar, con altas probabilidades de desatino.

Como nuestro Cupido es muy consciente de que, para iniciar una relación, es imprescindible sentir ese no sé qué, ahí lo tenemos con la carcasa llena de flechas, tirando desde distintos ángulos, distancias y velocidades, principalmente en las temporadas de primavera y verano que es cuando la escasez de ropa permite que las flechas encuentren diana mas fácilmente. Y debe pasárselo francamente bien, porque no deja de practicar ni un solo segundo.

Inocentemente, crecemos pensando que este dulce angelito sabe lo que se trae entre manos, confiamos en su saber hacer, hasta que, después de varias tentativas fallidas, uno empieza a sacarse las flechas como buenamente puede (en ocasiones de lugares distintos al corazón), se cura las pupas, mira atentamente hacia arriba y, con un poco de paciencia, distingue con cierta confusión el revoloteo al que se dedica sin una dirección determinada, pero sin dejar de practicar sus habilidades de arquero. En ese momento es cuando uno piensa sálvese quien pueda, se enfunda la coraza hasta nueva orden y se dedica a observar con detenimiento la actividad en la que se entretiene este provocador del amor.

Pasado el susto y visto el juego, podemos disponernos de nuevo a  convertirnos en dianas para sus flechas: no nos queda otra si queremos sentir que nos hemos enamorado. Pero esta vez ya sabemos que el muchacho puede equivocarse; que las sensaciones extrañas no tienen siempre por que significar que nos encontramos ante la persona de nuestra vida; que podemos esquivar las flechas y, si llegaran a pillarnos despistados, podemos quitárnoslas e incluso analizar en que parte del cuerpo han ido a caer, para identificar si lo que sentimos es amor, o si es otra cosa. Podemos incluso susurrarle al oído para que apunte en otra dirección, y la mayoría de las veces le llamamos desesperados porque parece haberse perdido, o no estar apuntando hacia donde estamos. Y él, a lo suyo, con los ojos vendados y a veces con tapones en los oídos.

Tampoco es de extrañar, porque con las nuevas tecnologías le hemos hecho que multiplique de manera exponencial su trabajo. Antes, con lanzar unas cuantas flechas por persona/vida, ya había cumplido con su cometido. Pero ahora se lo estamos poniendo mas difícil y prácticamente le estamos exigiendo que acierte. Sabemos que la manera de aumentar las probabilidades de dar en el blanco es que tire mas, muchas más, pero esto nos obliga a nosotros a estar también más atentos, más dinámicos, más ágiles y  mas dispuestos. Suponemos que Cupido estará encantado con este reto, pues significa que va a acertar mejor, y que mas personas se van a beneficiar de los efectos de sus habilidades, cuando acierta.

Bien pensado ¿qué seria del amor con un Cupido que se hubiese quitado la venda de los ojos y que acertase siempre a la primera? Estaríamos tan soberanamente aburridos como él. En realidad, Cupido solamente nos da el empujón. De lo que hacemos después, Cupido pasa olímpicamente.

Colaboración de Mila Cahue para MeeticAffinity

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Un comentario el “Cupido y su sentido del… amor

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