Dra. Mila Cahue

Bienvenidos a mi página web profesional/Welcome to my professional webpage

Qué hacer con las personas insistentes con las que no se quiere ser pareja


¿Qué hacer cuando ya se ha probado por activa y por pasiva que alguien deje de insistir en tener una relación? ¿Hay que seguir siendo amables? ¿Es lícito perder las formas? ¿Hasta qué punto se puede permitir que alguien sobrepase los límites de la paciencia?

Hay dos situaciones en las que esto puede ocurrir: cuando se ha cortado con alguien y esa persona no acepta la ruptura; o cuando se ha hecho un pequeño tanteo con alguien (que puede ir desde un simple intercambio de teléfonos), y esa persona parece haberse obsesionado con conseguir un objetivo personal sin tener en cuenta si la otra persona quiere lo mismo que quieren ellos.

En realidad, éste artículo va dirigido a la gente educada, amable o a la que le disgusta profundamente la agresividad, y éstas situaciones les sobrepasan.

Es lógico argumentar que lo que debería de ser normal es que, si uno no quiere salir con alguien, se le dice amablemente, o se le da a entender de buena manera, y el asunto quedaría zanjado y sin futuro. Mucha gente ha probado esto, y ha tenido que constatar que hay casos en los que, cuanto más amable se es, más argumentos se le dan al otro para que siga. A la buena gente le cuesta mucho cortar radicalmente o, peor aún, mandar al otro a paseo.

Así que, empecemos por partes:

El primer paso coherente es dar a entender de buena manera que no se quiere seguir adelante con la otra persona. La gente inteligente suele entender esto a la primera, pero vamos a dar el voto de que ese día estaban un poco despistados y no se enteraron bien. Pasamos entonces al segundo paso.

Con amabilidad, se agradece el interés, pero se dice clara y explícitamente que no hay la química, o el sentimiento, o no es el momento adecuado para sacar adelante esa relación de pareja. La gente emocionalmente inteligente comprenderá el mensaje en esta ocasión y se retirará con elegancia. Pero no todo el mundo es emocionalmente inteligente, por lo que hay que recurrir a los pasos siguientes:

No contestar a llamadas y correos. Ya se han dado todas las explicaciones necesarias, y  no es necesario seguir dando vueltas sobre el mismo tema. Una vez que ha quedado claro el asunto, si la otra persona no quiere comprenderlo es algo que le compete únicamente a ella: manejar la frustración, respetar las decisiones ajenas o, simplemente, no ser caprichoso. Pero por otro lado deja en evidencia que tiene pocos conocimientos sobre lo que significa el buen querer,  y esto finalmente supone un argumento añadido y una buena confirmación de que, en su momento, se tomó la decisión correcta.

Y hay gente todavía más insistente o que carece de la elegancia de espíritu necesaria para saber lo que significa una retirada a tiempo: empiezan entonces los insultos, los sms y correos donde se intenta hacer sentir culpable al otro o simplemente se desea ofender. También puede ocurrir que se cambie de táctica, y se reanuden los correos suaves, pidiendo perdón, empatizando y, a ser posible pidiendo otra oportunidad basada en haberse dado cuenta del error y prometer un cambio. Nuestro consejo: seguir sin contestar. Se trata de argucias para salirse finalmente con la suya. No es de recibo.

Es importante dejar claro que alguien que no respeta las decisiones de los otros; que solamente piensa en satisfacer su interés; y que además desconoce las formas y las normas de convivencia con los demás, no merece un minuto de nuestra atención. Y no contestar a llamadas, sms o  mensajes, lejos de ser una falta de educación, es una muestra de madurez.

Colaboración de Mila Cahue para MeeticAffinity 

A %d blogueros les gusta esto: