Dra. Mila Cahue

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“Ten cuidado con los pensamientos porque no siempre son verdad”. Entrevista para el diario La Vanguardia


Hoy os dejo un artículo que ha realizado el periodista Josep Fita, del Diario La Vanguardia, con quien tuve el gusto de mantener una entrevista muy interesante hace unos días en la sede de Editorial Planeta, hablando de mi último libro “El Cerebro Feliz”. Tengo que decir que me ha gustado muchísimo pues ha captado brillantemente algunas ideas complejas, y ha sabido plasmarlas con un estilo claro y elegante. Os dejo con ella, y al final en enlace directo al periódico. ¡Espero que os gustet!

 

ENTREVISTA

Mila Cahue: “Ten cuidado con los pensamientos porque no siempre son verdad”

  • Esta psicóloga clínica analiza en su última obra todos los entresijos de un órgano fascinante, el cerebro

Mila Cahue: “Ten cuidado con los pensamientos porque no siempre son verdad”
La psicóloga clínica, Mila Cahue (M.C.)
JOSEP FITA10/12/2015 23:00 | Actualizado a 11/12/2015 07:08

“La vida puede ser maravillosa”, decía el malogrado Andrés Montes. “¿Pero qué hay que hacer para que sea así?”, se debe preguntar más de uno. No existe un libro de instrucciones que nos vaya diciendo en cada momento qué hay que hacer para sentirse bien, y es por ello que a veces deambulamos por la vida en busca de algo, no sabemos qué, que nos aporte ese bienestar tan añorado. En ocasiones buscamos y buscamos sin éxito, y nos sentimos desafortunados por no haber encontrado aquello que nos habría hecho dichosos. Quizás no hemos tenido suerte, o quizás no hemos buscado en el sitio adecuado. Este segundo punto de vista es el que defiende en su último libro, El cerebro feliz , la psicóloga clínica Mila Cahue . “La felicidad no está fuera de nosotros, sino dentro”, asegura. Decidimos charlar más con ella para descubrir los entresijos de este fascinante órgano que es el cerebro.

No sé si es una buena noticia que la parte del cerebro encargada del razonamiento, el neocórtex, sea la menos evolucionada y la que procesa la información más lentamente.

En realidad, está bien que sea así, porque esa parte nos permite otros procesos como la atribución, la reflexión, la planificación… Está bien que haya una parte muy automática que lleva millones de años procesando y que está muy pulida; pero también está muy bien que haya aparecido este otro instrumento, que no sabemos si es lento porque es muy nuevo en la especie humana o si es que es bueno que sea lento para ayudarnos a reflexionar. Realmente todos vivimos en la emoción, en esas señales automáticas, la vida es muy rápida. La razón ha venido a incorporarse como el copiloto perfecto de la emoción.

El mito de que mujeres y hombres somos distintos, en el sentido positivo de la palabra, parece tener algo de cierto si echamos una ojeada a cómo funciona el cerebro en ellas y ellos.

Hay una tendencia natural. Hay ciertas áreas de especialización que están más distribuidas en las mujeres, mientras que en los hombres quizás están más concentradas… Pero que seamos así no es determinante. Hay mujeres que, o por haber crecido entre chicos, o porque las circunstancias que han vivido les hacen casi pensar y razonar de forma masculina, tienen la capacidad de ser bilingües, por decirlo de alguna manera: cuentan con su forma innata del cerebro, pero también pueden funcionar perfectamente con otro esquema. Igual que a muchos hombres les resulta muy cómodo hablar de sus emociones con otras mujeres, y no es porque su cerebro haya cambiado, éste sigue teniendo sus tendencias innatas pero también conoce otra forma de funcionar.

Ahí hablaríamos de la plasticidad del cerebro…

Efectivamente, se trata de una de sus principales características. Nuestros pensamientos no sólo moldean nuestro cerebro, sino también nuestra vida. Al fin y al cabo, todo lo que hacemos, que es lo que va dejando huella y es lo que va conformando nuestra vida, es consecuencia de todos los enunciados que tenemos en nuestra cabeza. Por eso es tan importante aprender a pensar, a sentir y a seleccionar las conductas que nos parezcan más oportunas en cada momento.

“Cuando no sepamos de qué pueden estar hablando nuestras neuronas, observemos nuestra conducta”, dice usted.

Muchas veces decimos ‘no sé por qué estoy haciendo esto’, y lo cierto es que lo haces porque está enunciado en tu cerebro. Cualquier cosa que haga nuestro cuerpo es consecuencia directa de una orden que proviene de nuestro cerebro. Podemos trabajar siempre a dos niveles, porque lo externo y lo interno no son tan diferentes. Si yo trabajo en lo externo acabaré cambiando el pensamiento, o puedo trabajar cambiando el pensamiento si lo identifico y así cambiar lo externo. Cuando le preguntas a alguien por qué hace algo concreto y recibes una respuesta evasiva, o te dice que no lo sabe, yo le digo: ‘Si lo haces, es porque lo tienes enunciado en tu cerebro’. Lo siguiente que les digo es: ‘Si no quieres hacerlo, explícame la conducta alternativa de cómo te gustaría hacerlo, y empezamos a trabajar para automatizar esa conducta’. Así el cerebro obviará la otra, y cambiaremos el pensamiento.

Cada pensamiento tiene un copyright, que somos nosotros

O sea, que podemos evitar que el cerebro nos maneje a su antojo…

Cuando hay dos neuronas que hacen una conexión concreta y me generan un pensamiento que no me gusta, puedo aprender a hacer la parada de pensamiento: es como si desconectara esas dos neuronas. Pero, una vez hecho esto, si yo no dirijo rápidamente la atención hacia otra dirección, para que otras neuronas conecten entre sí, las primeras que ya habían conectado previamente, y que tienen mucho potencial energético en sus extremos, volverán a conectar otra vez y volveré al mismo tipo de pensamiento.

La idea es dirigir la mente a otro sitio de inmediato.

Cuando yo detengo el pensamiento y desconecto, enseguida tengo que conducir a mi cerebro hacia otro pensamiento, de ahí la importancia de la atención. ¿Qué va a ocurrir?, que las dos neuronas que están muy próximas y les resulta muy fácil conectar, poco a poco, a medida que las desactivo con regularidad y perseverancia, van a dejar de conectar y, en consecuencia, se fortalecerá la conexión alternativa que haya configurado. Gracias a la razón, somos conscientes de ese pensamiento obsesivo y actuamos sobre la conexión neuronal que lo genera.

No parece sencillo.

Tenemos que aprender a trabajar con la atención y dirigirla. A veces es incómodo. Yo digo que las emociones no son buenas o malas, sino cómodas o incómodas. Y es verdad, algunas veces sentimos emociones incómodas, pero si algo te hace sentir mal el cerebro te avisa y te dice ‘yo no me quiero sentir así’. Te manda una señal de que se siente mal para que hagamos algo que nos haga sentir bien y así tirar hacia adelante. La vida es un proceso en adelante continuo, y el cerebro siempre necesita tener las coordenadas de hacia dónde debe ir. Y si no las tenemos muy claras, al menos que sean lo más aproximadas posible con respecto a dónde queramos llegar.

 

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De alguna manera, tenemos la capacidad de controlar nuestros pensamientos…

Cada pensamiento tiene un copyright, que somos nosotros, y tenemos la potestad de cambiarlo. Es verdad que igual existe, como decía, una conexión fuerte; y que incluso hay razones fisiológicas que harán que me cueste más. Pero no importa, yo sé que si persevero lo voy a conseguir. También hay que tener en cuenta nuestro hemisferio izquierdo.

¿Qué problema tiene?

Que cuando no encuentra razones se las inventa, pero no quiere decir que sean reales. Ten cuidado con los pensamientos porque no siempre son verdad, tanto para bien como para mal.

En el libro habla de la intuición, y asegura que su margen de error es minúsculo.

Es que está muy depurada y es muy importante para la supervivencia. Hay que tener en cuenta que la función primaria del cerebro es sobrevivir. Por ejemplo, tenemos un apartado en el lóbulo occipital que es exclusivo para el reconocimiento de caras. Reconocer las emociones del otro es muy importante, porque si alguien va a ser agresivo conmigo lo tengo que saber cuanto antes. Y eso es tan importante que hay un área especializada para reconocer cualquier gesto de la musculatura en un rostro. De hecho, se han hecho experimentos que demuestran que reconocemos antes los rostros de la gente que está enfadada o agresiva, de la que se siente feliz. Y eso es así porque queremos evitar un posible peligro. El ser humano ha sobrevivido gracias a esa intuición. Son muchos millones de años de evolución y está muy depurada.

Cuando no respondemos correctamente a las señales que nos manda el cerebro, y lo hacemos sistemáticamente, aparece la patología

Vaya, que no falla…

A veces la interpretamos mal, o puede ocurrir también, como explico en el libro, que se den cortocircuitos. Puede pasar que de pronto empiece a sentirme mal, pero ese sentimiento pueda estar determinado por un pensamiento. Por ejemplo, imagínate a un niño que le enseñan de pequeño a sentir pánico por los perros. Sentirá miedo cuando vea a un caniche u otro perro inofensivo. ¿Eso es intuición? En realidad es un pensamiento automático que me está provocando un malestar muy profundo que me da la sensación de que es intuición. Nos debemos de fiar de la intuición, pero en algunos casos nos tenemos que preguntar si no hay un pensamiento, como en el caso de las fobias o los miedos irracionales, que está cortocircuitando la tendencia natural del organismo -que a lo mejor me está diciendo otra cosa, como relájate-.

Entiendo.

De hecho, cuando no respondemos correctamente a las señales que nos manda el cerebro, y lo hacemos sistemáticamente, aparece la patología. Lo grandioso de la vida es que siempre tenemos un margen de error bastante amplio. Es decir, podemos pasar bastante tiempo sin comer y no nos morimos; podemos pasar mucho tiempo pensando tonterías y a lo mejor no nos cargamos nuestra vida… ¡Tenemos un gran margen de error, la vida es generosa! Pero cuando persistimos, cuando llega un momento en el que ya aparece el dolor y seguimos sin escuchar y dando la respuesta errónea, ahí es cuando aparece la patología. Si yo sigo sin comer, o fumando a pesar de que ya me han quitado un nódulo del pulmón, o comiendo alimentos que me producen ardor de estómago, pues aparecerá la úlcera, etc. Lo mismo pasa a nivel mental si persistimos en no responder adecuadamente a las emociones y sensaciones que nos manda la intuición. Cuando forzamos la máquina aparece la patología, y aún así, siempre tenemos margen de recuperación. Es grandioso.

¿La imaginación es el instrumento más potente con el que cuenta nuestro cerebro para su supervivencia?

Hay distintas formas de imaginación. Una de ellas sería imaginar para crear la realidad. Por ejemplo, la mesa que nos separa ha sido pensada previamente, y luego se ha hecho. Pensar sin actuar no sirve para nada. El pensamiento no deja huella, lo que hacemos sí. La gente dice: ‘¡Quiero ser feliz!’ Y yo les digo: ‘¿Dime cómo?’ Curiosamente hay gente que no sabe cómo. Cuando yo les digo: ‘Dime de qué manera, qué quieres hacer, cuándo, con quién, de qué forma’, son incapaces de concretar cuáles son los pasos para ser feliz y por eso les cuesta. Siempre tenemos que imaginar de manera que le demos al cerebro las coordenadas de lo que tiene que hacer. La imaginación también nos permite proyectarnos al futuro: ¿cuáles son mis objetivos? Los veo y los llevo a cabo. También nos puede servir para cambiar la interpretación de algo que nos haya ocurrido. Lo que ha pasado no lo puedo cambiar, pero sí su interpretación. No hay que negar lo que ocurrió, pero sí puedes darle otra explicación, es fundamental.

Ahora hablaba de la felicidad, de que la gente anda un poco perdida. Y no es de extrañar, al tratarse de un concepto tan manoseado.

La felicidad no está fuera de nosotros, sino dentro. Es un concepto absolutamente subjetivo: lo que te hace feliz a ti a lo mejor no me hace feliz a mí. Lo que hay que enseñar a cada niño es qué le hace feliz a él. Hay colegios que ya están introduciendo en su currículum la gestión de las emociones. Hay un experimento longitudinal que se hizo con niños. Se les ponía delante una chuchería, el profesor les decía que no se la podían comer hasta que él volviera y acto seguido desaparecía. Al cabo de los años, se comprobó que los niños que no pudieron aguantar y cogieron la chuchería sin que el profesor hubiera vuelto tenían menos probabilidades de éxito que los que tuvieron la capacidad de aguantar las ganas de cogerla.

Todos estamos solos como experiencia vital. Lo que tú sientas cuando ocurre algo no tengo por qué sentirlo yo

Curioso.

La paciencia es la madre de la ciencia: ‘Gestiono mis impulsos y quizás incluso me gane dos chucherías’. Lo que se vio en el experimento es que los niños que estuvieron esperando focalizaron su atención en otras cosas. ¡Aprendieron a modificar la atención! Esos niños tenían una gestión emocional fabulosa.

¿Y cuáles fueron más felices? ¿Los que cogieron la chuchería sin esperar al profesor o los otros?

Es evidente que el niño que quería comerse la chuchería y no lo hizo tuvo un momento relativamente incómodo, pero se esperó y fue feliz a posteriori. Sin embargo, el que fue feliz en el momento, tuvo que enfrentarse después a unas consecuencias que seguro que no fueron muy agradables. Entonces, ¿qué opción te reporta felicidad? Pues aquella que a largo plazo nos va trayendo consecuencias positivas. Pero a veces para conseguir esa felicidad hay que pasar por momentos de reajuste, de analizar en qué contexto estamos. A veces la vida nos hace pasar por auténticos tsunamis, y no es nada agradable. Lo que tenemos que aprender es a mantener la mente enfocada. La felicidad no es un estado de nirvana permanente.

Tenemos una gran capacidad para boicotearnos a nosotros mismos, ¿verdad?

Totalmente. Hay niños a los que les enseñan a boicotearse mucho, que no reciben ni un halago. Tampoco les enseñan a identificar cómo se sienten y el porqué. A los niños hay que preguntarles: ‘¿Esto te ha molestado? ¿Te has sentido agredido, o es que tenías una expectativa y no ha coincidido con la realidad? ¿Qué podemos hacer?’. Ayudar a generar alternativas es fundamental, porque cuando genero alternativas puedo decidir en qué me enfoco. Si a un niño, de pequeño, le enseñamos a enfocarse así, de mayor tendrá bastante camino recorrido para poder crear una vida más acorde con lo que le haga feliz.

¿Hasta qué punto el humor nos ayuda a sobrellevar mejor los problemas?

El humor viene por la parte del razonamiento, es una de las herramientas que tiene su origen en el neocórtex. Si yo me río de mí mismo, me da igual lo que piensen los demás. El humor nos ayuda mucho a relativizar y, aparte, reírse es el relajante por excelencia. ¡Es tan divertida la vida cuando se tiene un sentido del humor sano! Lo facilita todo, porque realmente vamos dándole a las cosas su verdadero tamaño. Incluso aprendemos a gestionar mejor las cosas difíciles a través del humor, de manera que no nos parecen tan tremendas. Nos ayuda a ser más eficaces. ‘Siento miedo y me estoy riendo’, pero al reírme, no lo hago todo tan grave, y siempre me resulta más fácil manejar algo que es pequeño que no algo que es enorme.

Hay una aseveración inquietante hacia el final de libro que puede dejar al lector algo desconcertado. Me refiero a cuando asegura que “la soledad es inevitable”.

Todos estamos solos como experiencia vital. Lo que tú sientas cuando ocurre algo no tengo por qué sentirlo yo. Es tu experiencia, tus sensaciones, tu cerebro dándote a ti unas indicaciones. Estamos solos. Nuestra felicidad la tenemos que gestionar según lo que ésta signifique para cada uno de nosotros. El otro día me preguntaban si yo me tomaría una píldora para la felicidad, y yo dije que ‘ni hablar’, que mi felicidad me la gestiono yo. Cada una de las personas que nos cruzamos por la vida está peleando en sus propias batallas. Cuando entendemos el concepto de soledad, entendemos el concepto de responsabilidad: ‘Mi vida es mía’. Y esto es genial, depende de ti, es tu viaje, ve por los caminos que quieras

Fuente:

Mila Cahue: “Ten cuidado con los pensamientos porque no siempre son verdad”

 

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Esta entrada fue publicada en 29/12/2015 por en Cerebro Feliz y etiquetada con , , , .

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